El paisaje es un texto enorme.
Amo esta casa.
La luz en la montaña
dibuja bosques ocultos.
Salvación por la luz;
los murciélagos hacen de estrella fugaces
en la noche primitiva.
Escribo sólo lo que veo.
Hay un árbol luminoso
en la orilla del río escondido,
no es el árbol en sí,
creo que es un álamo,
es la luz que rodea al árbol,
el efecto de la luz
en las hojas amarillas y verdes
¿De verdad importa el nombre?
Las golondrinas hieren
con sus alas el cielo inmenso,
deben dolerle al cielo esos giros.
En las montañas oscuras
casas encendidas pobremente.
Ríos de luz de lugares cercanos.
La luz detrás de las montañas
le da un aspecto teatral,
de escenario enorme, vacío.
Toda literatura, toda poesía
es agónica.
Las golondrinas nunca nos salvarán de nada. Huyen.

Todo el espacio,
todo el aire entre aquí y las montañas
está preñado de frío.

Los caminos son fríos,
se refleja el agua en los charcos,
asciende a no sé qué parte de lo umbrío,
de lo que no veo.

Explicación del día por la luz,
por los arbustos que se colorean
desde un sesgo cenital.
Mientras la niebla se extiende entre los álamos,
por entre los olivos,
asciende desde la tierra que se calienta
por el efecto bondadoso del sol.

Evitar el sentimiento poético,
los pájaros vuelan sin explicación posible.

 

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