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Praxis, estética del olivar Al pie de todas las obras están los dibujos diarios. Mis piezas vienen de ningún otra parte que de mis bocetos. Cada línea en papel que en la mayoría de las veces expresa la esencia de lo que es visual. Las figuras son reducidas hasta lo necesario. Estos conceptos se quedan dando vueltas en mi cabeza, serán estilizados y dado de forma aerodinámica, serán por decirlo así digeridos en otro contexto, mantenido contra una otra luz según las reglas del arte escultórico y, si estas reglas no funcionan, entonces las reajusto, las pongo patas arriba, las doy la vuelta, quito alguna cosa o añado algo, cambio los proporciones, hasta que una nueva espíritu, hasta que obtienen un nuevo significado o en otras palabras, hasta un nuevo alma es formado / originado. Aunque anteriormente trabajé más con formas abstractas, la figuración ha comenzado a ser progresivamente más importante, porqué querría desarrollar un idioma más claro para expresar algo, y por eso necesité la figuración. La abstracción no era suficiente. Partes del cuerpo como cabeza, piernas y brazos, o formas de un paisaje pueden cambiarse en formas voluminosas a que no se puede unir directamente un significado visual o conceptual. Las figuras no son jirones al voleo y seguro no son usados ilustrativamente. Investigo su lugar en la composición total y muchas veces no son más reconocible como tal. Las he reducidas hasta una línea muy esencial. Detalles deben ser omitidos. Nada debe distraer la atención, incluso los colores que en general consisten de negros grafitos, verdes, rojos carmín, azules cobaltos o dorados metalizados. Todo es, a pesar de, en general, un contorno cerrado, en movimiento, acentuado por cientos de líneas grabadas en la madera de tilo con una gubia fina que forman la textura. Inicialmente habrá quizás asociaciones obvias y con doble fondo. Pero solo la persona perseverante, el espectador serio, penetra hasta el parte detrás de la fachada acanalada. Inmediatamente detrás esa capa estética superficial yace un espacio oscuro que no es tan fácil de examinar. Esta es donde está el alma. Jesús de Nazaret, elegió como lugar de oración el Monte de los Olivos. Como refleja el Génesis, una rama de olivo fue devuelta a Noé por una paloma, señalando el fin del Diluvio Universal. Los griegos aún hoy consideran el olivo como símbolo de euforia, purificación, victoria y honor; mientras sus hojas se refieren a victoria, inteligencia y paz. El aceite de olivo siempre ha sido mantenido en lugares sagrados para ritos de la vida religiosa. El olivo tiene tantos símbolos desde épocas ancestrales y su fruto es aún hoy el regalo más rico de cielo que con una mirada nos viene una avalancha de contenidos, símbolos y asociaciones que nos hace reflexionar sobre nuestra alma. En las obras expuestas están las aceitunas central, perlas negras que visten el paisaje Andaluz colgadas desde las ramas de su portador. Se ve claramente la forma de esta fruta con el oro líquido dentro, pero desde una otra punta de vista puede interpretarlas como huesos de las aceitunas exprimidas y ralladas en materia de madera, tal como son los huesos, como un árbol alto que llora por haber perdido sus lágrimas. Su líquido dorado fluye por las arterias de la fábrica de aceite hechas de acero inoxidable para llegar luego a las mesas de la gente, la gente que trabajan en el campo para producir ese mismo aceite, que fluye también por las arterias de la misma gente plasmada en otros tubos de acero inoxidable con el perfil humano. Es en si un círculo vicioso.
The Tall Tear Tree I // Mantones, espuertas, agua y madera de tilo // 800 x 350 x 60 cm Encima de un manto están colocadas siete espuertas negras de plástico duro las que usan los olivareros en la recolección de las aceitunas. La forma del manto parece la sombra de un árbol alto y las espuertas están colocadas en la copa del árbol. Están llenas con agua y una aceituna flota encima. Gotas de agua repelan sobre la textura de las aceitunas. Aceite flota sobre el agua y por tanto flotan estas aceitunas. La espuerta lleno de agua y aceituna representa un ojo: la aceituna es la pupila y el agua el liquido detrás la pupila el humor vítreo. El ojo está mirándonos. Las aceituna nos miran llorando. Son aceitunas o huesos exprimidos de las aceitunas que han perdido todo su jugo. Lloran también por la sequía. Siete aceitunas refieren a siete años de abundancia, siete huesos refieren a siete años de escasez.
The Tall Tear Tree II // 240 x 140 x 320 cm. // acero inoxidable, madera de tilo La segunda escultura representa el perfil de un cuerpo humano visto detrás y desde la cabeza se desvié en diferentes ramas que llegan hasta el suelo. La estructura es completamente realizada en acero inoxidable. El hombre refiere a uno de los muchos aceituneros quien trabaja en la recolección de las aceitunas. La estructura se mantiene por siete aceitunas negras que están colocadas en el suelo. Podemos asociarlas como los huesos de las aceitunas exprimidas plasmados en madera tallada y rallada. La forma completa es como un árbol que llora por la pérdida de sus lágrimas: su aceite de olivo. El oro liquido fluye por las arterias de acero inoxidable de las cooperativas para llegar al final en la mesa de la gente, quizás la misma gente que lo había recogido, quien ha participada en el proceso de la producción del aceite de olivo, y el aceite fluye ahora también por su arterias. Es como un círculo vicioso
Perlas Negras // 210 x 140 x 43 cm. // acero inoxidable, madera de tilo En todas las obras están las aceitunas central, aceitunas que visten y decoran el paisaje Andaluz colgadas de las ramas de los olivos. Esta obra tiene la forma de un collar con siete aceitunas negras, una joya para el paisaje. Se repite el número siete y también la simbología del acero inoxidable. Paisaje // 240 x 320 x 160 cm // acero inoxidable, madera de tilo En la obra “Paisaje” hay cuatro formas de acero
inoxidable que representan los perfiles de algunas montañas que rodean
la ciudad de Jaén. En el suelo hay siete aceitunas negras. |